por Marcelo Contreras
¿Qué es un manager? ¿Alguien que solo consigue contratos, o una especie de director técnico de la carrera de un artista? ¿Acaso un amigo íntimo y un gerente a la vez? Todas las anteriores y más, incluyendo una suerte de sicólogo para lidiar con temperamentos distintos y mucho más sensibles que el promedio. Debe irradiar carisma, visión y seducir a su protegido bajo la promesa de conquistar al mundo. En relaciones así no faltan los abusos y los engaños que finalmente tienen un solo propósito: sacar una tajada más grande. Estas no son biografías, sino los prontuarios de personajes que se pasaron de listos.

Don Arden
Ozzy Osbourne tuvo que intervenir para que su esposa Sharon volviera a hablar con su padre, Don Arden, después de 15 años. Y es curioso porque Ozzy podría haber acumulado rencores con quien manejó y explotó cuanto pudo a Black Sabbath. Conocido como el hombre más temido en el negocio de la música por su estilo matonesco de hacer negocios, Arden manejó las carreras de algunas de las más grandes estrellas del rock de todos los tiempos como los pioneros Jerry Lee Lewis y Little Richard, y las bandas Small Faces y Electric Light Orchestra. Nacido en Manchester en 1926, Arden fue enlistado en el ejército para la II Guerra Mundial, pero inventó una enfermedad para no ir al frente. 20 años más tarde, en pleno Swinging London, asumió la carrera de Small Faces y los llevó al número uno sobornando radios. Apenas supo que Robert Stigwood, otro manager que labraría fama con Cream y Bee Gees, tenía interés por su grupo, fue hasta su oficina con tres matones y lo colgaron de los tobillos desde el balcón de un cuarto piso. Tiempo después los Faces lo demandaron por regalías y el juicio duró diez años. Otro representante, Clifford Davis, trató de arrebatarle a The Move y como respuesta Arden le apagó un cigarrillo en la frente. Sus tropelías incluyen quemar las oficinas de un sello discográfico que no quiso trabajar con sus artistas, y secuestrar y torturar a un ex empleado. Entre toda la violencia, palabrotas y la costumbre de no pagar a sus pupilos, Arden también pasó a la historia por un hecho absurdo. En la gira Born Again de Black Sabbath (1983), mandó a construir una réplica de las ruinas de Stonehenge, pero no especificó si era en pies o metros. La escenografía resultó tan grande que no pudo ser utilizada. En el imperdible documental falso This is Spinal Tap (1984) parodiaron ese hecho.

Allen Klein
“Un contrato es solo un trozo de papel”, era una de las sentencias que le gustaba repetir al contador estadounidense Allen Klein -otra era “hijo de puta”-, quien a mediados de los 60 era considerado una luminaria en la industria discográfica. Había puesto de rodillas al sello Decca negociando para The Rolling Stones y logró una tajada mucho mejor que la que lograban en paralelo The Beatles. A Paul McCartney el detalle no se le escapó. Como cuenta John McMillan en el libro Los Beatles vs. The Rolling Stones, Klein había conseguido que a la banda de Jagger y Richards le pagaran derechos de autor por un 25%, mientras Brian Epstein sólo cosechó un 17.5%. Klein le dijo en su cara que lo que había negociado era “una mierda” y el flemático representante le pidió que cerrara la puerta por fuera. El detalle es que las ganancias que supuestamente amasaban los hombres de Satisfaction, iban a dar directamente al bolsillo del contador mediante una empresa en la que era su único accionista. Más aún, les engañó de tal manera que los derechos editoriales de la banda le pertenecían, y pasaron casi dos décadas y unas cuantas demandas para que pudieran recuperar el catálogo de sus mejores años. Sin embargo, cuando The Beatles mostraron interés en Klein, y losStones ya sabían que el tipo no era de fiar, Jagger le dijo al grupo que no era el compañero ideal para vacacionar “pero cuidará de ustedes”. Cuando Allen Klein se puso a trabajar con ellos, fue el comienzo del fin del cuarteto, mientras la prensa británica revelaba que acumulaba cuarenta demandas e investigaciones fiscales en EE.UU.

Albert Grossman
El 17 de julio de 1970 terminó una de las asociaciones del mundo musical más fructíferas de la década del 60. Bob Dylan rompió con Albert Grossman tras enterarse que el representante se llevaba la mitad de las ganancias de sus canciones por derechos de publicación. El también manager de Janis Joplin, Richie Havens, The Band y Joan Baez, entre varias figuras, apodado El Oso en el medio musical, acostumbraba cobrar un 25% por sus servicios, cuando el promedio en la industria era un 15%. Su máxima para justificar la tarifa era “cada vez que hablas conmigo eres un diez por ciento más listo que antes”. De todas formas, Grossman es considerado uno de los impulsores claves del movimiento folk estadounidense como uno de los creadores del festival de Newport donde precisamente Dylan ganó notoriedad, y por imponer un estilo de trabajo que se resumía en dedicación completa al artista. Claro que mitad y mitad.

Sharon Osbourne
La hija de Don Arden es figura por cuenta propia. Convirtió en estrella solista a Ozzy Osbourne, creó el Ozzfest y se alzó mediáticamente tras el reality con su familia, hasta convertirse en una poderosa personalidad de la televisión. Pero Sharon es conocida también por un carácter irascible y un lenguaje soez. Mientras trabajaba para su padre a fines de los 70 se hizo cargo de la carrera de la cantante Lynsey De Paul. No congeniaban y tras un altercado, Sharon cogió una maleta de la artista repleta de equipaje, la abrió y defecó sobre sus pertenencias. En 2007 tuvo un duro round con Josh Homme, líder de Queens of the Stone Age, luego de que el músico asegurara que nunca más tocaría en el Ozzfest porque “tratan a las bandas como mierda”. Sharon atacó con todo: “espero que pille sífilis y se muera. Espero que se le caiga el maldito pene para que su madre se lo pueda comer”.

Coronel Tom Parker
El manager más famoso de la historia del rock -aunque lo mismo se puede decir de Brian Epstein de The Beatles- no era coronel, ni se llamaba así. Andreas Cornelis van Kuijk nació en Holanda en 1909, desde joven trabajó en ferias itinerantes, y se mudó Estados Unidos sin legalizar su estadía. Esa fue la razón principal por la que Elvis Presley, su representado, nunca hizo giras mundiales. Básicamente Parker pensaba que si viajaba al exterior al regresar a EE.UU. sería deportado. Tras ese motivo ideó complejas cláusulas que prohibían al rey del rock & roll siquiera entonar una canción informalmente durante el periodo que fue recluta en Alemania, en pleno apogeo de su fama. La influencia de Parker sobre Presley fue tal que logró un inédito acuerdo de mitad y mitad de las ganancias, aludiendo que se dedicaba en exclusiva al cantante. Una vez muerto Elvis, su viuda Priscilla Presley demandó a Parker tras descubrir que había vendido su catálogo por apenas cinco millones de dólares al sello RCA.
Frank Weber
Billy Joel confiaba muchísimo en Frank Weber, quien era su cuñado, padrino de su hija y manager. Pero en 1989 el hombre de “Piano Man” lo demandó por 90 millones de dólares, acusándolo de haber despilfarrado un tercio de esa cifra mediante préstamos no reembolsados. Según la acción legal, Weber hizo una serie de inversiones que no rindieron y cuyas pérdidas traspasó íntegras al cantante como granjas para criar caballos, negocios en el área de combustibles y compra de bienes raíces en el sector hotelero. Además, sobrecargaba las cuentas de video clips mediante una empresa que controlaba un pariente suyo. Weber presentó una contra demanda por 30 millones que fue desestimada.