Peter Green

Peter Green, el músico que no conoció el ego

El guitarrista y primer líder de Fleetwood Mac falleció mientras dormía. Fue una de las figuras legendarias del blues británico y, prácticamente, dejó la música a los 23 años por su consumo excesivo de LSD. Tenía 73 años.

por Felipe Rodríguez


Había llegado a la cima en un año. Tras la partida de Eric Clapton, (considerado una divinidad en la guitarra), de la banda John Mayal & the Bluesbreakers para formar Cream, Peter Green asumió en su reemplazo en un desafío que parecía titánico. El guitarrista, sin embargo, no solo aprobó con creces, sino que se curtió tan rápido que, junto al baterista Mick Fleetwood y el bajista John McVie, dejaron esa formación para formar una nueva banda que dejó huella: Fleetwood Mac. El fundador y primer líder de esa agrupación falleció hoy “en la cama, mientras dormía”, según un comunicado de su familia a los 73 años. 

A fines de 1967 y, bajo su liderazgo, la banda se transformó en el principal grupo de pub en el Reino Unido y, de paso, en el mejor representante del blues progresivo del país. Green, un músico de mirada triste, con poco ego y que creció admirando a bluseros como Muddy Waters, Willy Dixon y Otis Spann, y al líder de The Shadows, Hank Marvin, no tenía un estilo virtuoso ni espectacular, pero transmitía una emoción y belleza que incluso sus mismos héroes artísticos reconocían.

Con apenas 20 años y en tres discos publicados en solo dieciocho meses –entre 1968 y 1969-, ya era una estrella. Compuso “Black magic woman”, una canción que rápidamente fue versionada por Santana y se convirtió en éxito y llegó al número 3 del ranking británico con “Man of the world”, una enternecedora balada que anticipaba su futuro como una figura a la que había que vigilar con atención.

Green, siempre frágil y ajeno a la popularidad masiva, se describió a sí mismo en “Oh Well” de su álbum “Then Oh Play” (1969): “No puedo evitar tener esta facha. No sé cantar, soy feo y tengo piernas flacas”. Su estilo, que para algunos críticos fue el impulsor del hard rock, traspasó fronteras y una gira por Estados Unidos cambió su vida. Mientras estaba de tour junto a Grateful Dead, conoció y se enamoró del LSD. Lo comenzó a consumir con tanta periodicidad, que estando en un castillo en Munich, Alemania, donde habían tocado en una fiesta privada, se drogó y desapareció por tres días. 

A su regreso a Inglaterra y con un comportamiento errático, sugirió a sus compañeros que las ganancias de sus shows fueran donadas a instituciones de caridad. Ante la negativa de los demás músicos, relató el episodio germano en “The Green Manalishi (with the two prong Crown)”, un tema oscuro y paranoico que es considerado uno de los antecedentes del heavy metal, y renunció al grupo. Como Syd Barrett, el primer líder de Pink Floyd, desapareció de los escenarios, se dejó crecer las uñas, no se bañaba ni afeitaba y sus fans no lo reconocían. Totalmente extraviado, a mediados de los 70 fue diagnosticado con esquizofrenia y pasó por varias instituciones psiquiátricas.

Medicado hasta comienzos de los 90, su familia lo mantuvo en el anonimato hasta que volvió con nueva banda, Splinter Group, que tuvo sus mejores momentos a fines de esa década. Pero la emoción, innovación y belleza que transmitía no fue la misma de su época dorada. Su estampa de músico legendario e irrepetible –fue elegido por la revista Rolling Stone en el número 58 de los mejores guitarristas de la historia del rock- tuvo su despedida en febrero de este año en Londres en el show “Los amigos celebran la música de Peter Green”, con apariciones de prestigiosos colegas como David Gilmour, Pete Townshend, Kirk Hammett y Steve Tyler.

En una entrevista en enero pasado con la revista Rolling Stone, su ex compañero Mick Fleetwood, dijo que “lo vi hace un año y medio y no es él que conocía. Toca la guitarra acústica y le encanta pintar y tocar. No es un secreto que Peter quedó varado y nunca regresó. Cuando le pregunté si sabía la música que había hecho, seguía con su mismo y mínimo ego: no creo que hice nada muy espectacular, dijo. Así era y es Peter”.