por Felipe Rodríguez
Desde el 18 de octubre pasado, la hoja de ruta de Como Asesinar a Felipes (CAF) ha sido sorpresiva. Ese día viajaron a realizar unas presentaciones a Colombia. Al llegar a Bogotá, sus celulares estaban plagados de mensajes sobre el levantamiento de la ciudadanía en Santiago. Y tuvieron miedo. “Estuvimos mirando los celulares todo el rato. Nos pasamos un rollo que estaban matando gente y algunos se querían venir. Volvimos el martes a un país en toque de queda. Fue extrañísimo”, recuerda DJ Spacio, el encargado de poner las referencias cinematográficas a la música del grupo.
Con 13 años de carrera y un desarrollo musical que no brinda concesiones y apuesta por su intuición artística y experimental, CAF obtuvo, hace unas semanas, un premio que no esperaban: el mejor álbum del año en los premios Pulsar por su disco “Naturaleza Muerta” (2019). A su manera, la banda continúa el pionero legado de Electrodomésticos en los 80: música sin mirada comercial ni lugar de origen, pero con identidad propia y consistencia estética. “Somos una banda de culto. Vamos a quedar en la historia como algo raro. Los discos estarán ahí. Son un experimento de buenos discos que tienen contexto con lo que está pasando”, asegura.
En ese sentido, “Naturaleza Muerta” es una obra que se anticipó a lo que sucedió post 18 de octubre. Uno de sus temas, “Adaptarse, cambiar o desaparecer” vaticina la situación actual y, también, habla sobre el deterioro de la naturaleza por la intervención humana. “Estamos desconectados de la naturaleza y solo depredando”, sostiene y cuenta que cuando le informaron a Billy Gould, bajista de Faith No More y dueño de Koolarrow Records, sello donde publican, que habían sido elegidos los mejores del año, les sugirió que hicieran un comunicado. «Es nuestro consejero, una especie de padrino. Nos dio la orden de generar exposición”.
Pocas semanas atrás, CAF había ganado notoriedad gracias a Nino Baltolu, diputado de la UDI Popular e integrante de la comisión cultura, quien en un acto tan insólito como ignorante, cuestionó que el grupo pudiera recibir beneficios estatales por su nombre “violento”. “Cuando lo escuché, lo primero que hice fue reírme. Luego comprendí que nos haría mucha publicidad gratuita. No nos dio rabia, pero es heavy que personas como él estén a cargo de Cultura. Es alguien que no entiende de cultura y está ahí. El tono de su discusión es una pérdida de tiempo y no tiene ningún sentido”.
Prolíficos y siempre con la intención de no estancarse, CAF registró su próximo álbum en marzo y lo finalizó dos días antes del confinamiento. DJ Spacio adelanta que en las nuevas canciones las máquinas tienen preponderancia. “Somos unos degenerados de la música y en cada disco buscamos reinventarnos. En este álbum, el saxofón, el bajo, todo es reemplazado por las máquinas. El disco es como CAFwerk, dice un amigo. Tenemos una inquietud por desafiarnos. Siempre pensamos que si nos estancamos, desapareceremos. Hicimos un disco con remixes que está rebueno y con músicos que admiramos. ¿Quiénes? Te voy a nombrar a uno: Igor Cavalera, el ex baterista de Sepultura. Billy Gould también participa y hay otras tres leyendas de la música”.
-Acabas de estrenar el primer single de tu debut solista, “Sinopsis de sinapsis”. ¿De qué se trata?
-Es parte de mi proyecto Cinema Tornamesa. Es música rara que me gusta. También quiero hacer una película. Me gusta mucho el cine Italiano y francés y el de los 60 y 70 y tengo un guión más o menos listo. Debo conseguir la plata. No es poca cosa.
-Una de las cosas que impresiona de ustedes, más allá de su música, es su buena relación. ¿Cómo lo han hecho para convivir?
-Somos un matrimonio. Hay momentos en que debemos quedarnos en silencio, otros que debemos apretar. Pero sabemos los puntos débiles de todos. La primera vez que salimos de gira por 15 días nos llevamos pésimo. Luego, dijimos que como máximo saldríamos cinco días. Recuerdo especialmente ese viaje. Tocamos primero en Estados Unidos y luego en el “Vive Latino” en México. Ahí rompimos relaciones. Fue un viaje muy raro, además. Un diplomático chileno hizo una gestión y tocamos en Haití en un festival de jazz. Ese país es un lugar con mucha miseria, muy pobre. Me sentí como en una película en África.