Semanas de protestas estudiantiles en busca de democracia y libertad terminarían de forma sangrienta… en una sola madrugada.
Las imágenes de los estudiantes enfrentando a los tanques entre el 3 y 4 de junio de 1989, tomadas por una numerosa comitiva de prensa internacional que se encontraba en Beijing cubriendo el encuentro entre el premier soviético Mikhail Gorbachov y los líderes chinos, dieron la vuelta a todo el mundo.
Todo comenzó como una conmemoración por la muerte, en abril, de Hu Yaobang, ex secretario general del Partido Comunista de China (PCCh), de talante reformista. Hu fue un gran crítico de las reformas económicas del entonces máximo líder, Deng Xiaoping, y el efusivo y espontáneo duelo público, liderado por estudiantes, pronto se transformó en una gran manifestación ciudadana que pedía la restauración de su imagen y por la instauración de reformas democráticas en China.
Hasta el día de hoy, el régimen chino no ha revelado los nombres o el número de muertos durante la represión pero se calculan en más de 10 mil. Daniel Lou, que en ese momento era un periodista de la revista nacional de noticias Beijing Review, se paró en una calle cercana para ver el desarrollo de lo que llamó una “noche fatídica”, con la sensación de ser testigo de la historia. “Eso es una tragedia”, dijo, añadiendo que era “el comienzo del declive moral de China”.
Este jueves, en la fecha del aniversario, los accesos a la plaza fueron cortados para todo corresponsal extranjero y cualquier conmemoración a las víctimas está prohibida, lo mismo que la más mínima referencia a lo ocurrido en las redes chinas en internet (y si alguno se publica podría ser borrado por la maquinaria de algoritmos automatizados y purgadores).
Tal y como subrayó Noah Feldman, profesor de Derecho Internacional en la Universidad de Harvard, citado por Infobae, el partido comunista sigue temiendo a las grandes marchas de protesta organizadas “y el espectro de Tiananmen sigue presente”.